Nuestros funcionarios públicos y agentes de la ley se enfrentan a riesgos constantes tanto para sus vidas como para su privacidad en el mundo digital actual. Infórmate sobre los recientes esfuerzos para salvaguardar su información y sobre cómo herramientas como el navegador de incógnito pueden ofrecer una mayor protección en línea.
Revelado en este informe exclusivo:
- Ley Daniel: Cómo la legislación trata de proteger a los funcionarios públicos y los fallos que aún presenta el sistema.
- Corredores de datos bajo fuego: Conozca la demanda colectiva contra LexisNexis interpuesta por miles de agentes del orden.
- Una visión más amplia: Comprender la influencia de los intermediarios de datos en la vida cotidiana de los estadounidenses.
- Implicaciones para la seguridad nacional: Explora cómo los datos no seguros pueden ser una amenaza para la seguridad nacional.
- Proteja su privacidad: Descubre cómo herramientas como el Navegador de Incógnito proporcionan una sólida protección de la privacidad para todos.
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En el mundo hiperconectado de hoy en día, la privacidad de nuestros funcionarios públicos -desde las fuerzas del orden hasta los jueces- está cada vez más amenazada. En toda Nueva Jersey y más allá, estas personas arriesgan tanto su privacidad como sus vidas para servir a la comunidad. El Congreso y otros órganos de gobierno deben tomar medidas inmediatas para garantizar que estos valientes hombres y mujeres puedan desempeñar sus funciones sin poner en peligro su seguridad personal.
Nueva Jersey tuvo un duro recordatorio de esta necesidad en 2020, cuando Daniel Anderl, de 20 años, fue trágicamente asesinado. El asesino de Daniel había apuntado a la juez Esther Salas, su madre, localizando su dirección a través de información de acceso público. Este horrible suceso puso de relieve las vulnerabilidades que conlleva el servicio público, lo que llevó a Nueva Jersey a promulgar la "Ley de Daniel". El objetivo de la ley es impedir el libre acceso a los datos confidenciales de los funcionarios públicos y sus familias, poniendo en el punto de mira a los intermediarios de datos de terceros que se lucran con la venta de esos datos personales.
Sin embargo, cuatro años después, parece que la Ley de Daniel no se mantiene como se pretendía. Recientemente, más de 18.000 agentes del orden de Nueva Jersey presentaron una demanda colectiva contra LexisNexis Risk Data Management. Los agentes alegan que LexisNexis tomó represalias contra ellos por eliminar su información personal, como permite la Ley de Daniel. Al parecer, el gigante de la gestión de datos congeló su crédito, etiquetándolos erróneamente como víctimas de robo de identidad, lo que causó un daño significativo a sus historiales de crédito.
Esta demanda pone de relieve una cuestión crucial: la abrumadora influencia que ejercen los intermediarios de datos en la vida de los consumidores estadounidenses. Estos intermediarios no sólo configuran los historiales crediticios de las personas, sino que también afectan a su acceso a diversos servicios esenciales como seguros, hipotecas y asistencia sanitaria. Quienes optan por no compartir sus datos -como nuestras vigilantes fuerzas de seguridad- se enfrentan a riesgos considerables si las cosas se tuercen. Su único recurso es recurrir a los tribunales, que no son ni rápidos ni rentables. Es evidente que se necesita una normativa más estricta para proteger la privacidad de los consumidores y garantizar al mismo tiempo procesos judiciales justos.
Los intermediarios de datos no sólo afectan a los ciudadanos de a pie, sino que también tienen profundos vínculos con entidades federales y sectores privados. LexisNexis, por ejemplo, tiene un importante contrato de 34 millones de dólares con el gobierno federal para la verificación de identidad a través de Login.gov, un servicio de inicio de sesión único que proporciona acceso a numerosos servicios estatales y federales. Peor aún, se ha detectado que LexisNexis vende datos de conducción de los consumidores a las aseguradoras sin su consentimiento. Esta práctica permite a las aseguradoras imponer tarifas más elevadas basadas en datos personalizados, como hábitos de frenado y patrones de desplazamiento. Debido a la amplitud de estos intereses, el seguimiento y la exigencia de responsabilidades a estos intermediarios resulta sumamente difícil.
La privacidad nunca debe verse comprometida para ningún individuo, especialmente para aquellos que desempeñan funciones de servicio público. El asesor de seguridad nacional Jake Sullivan señaló recientemente que los adversarios ven los macrodatos como un activo estratégico listo para ser explotado. Los intermediarios de datos crean inadvertidamente lagunas para los adversarios al dejar expuestos datos personales.
Un conmovedor estudio de la Universidad de Duke reveló que cualquiera podía comprar información confidencial sobre militares en activo, incluidos nombres, direcciones de domicilio, correos electrónicos y números de teléfono móvil. Aún más alarmante es que algunos casos implicaban a proveedores como LexisNexis en la venta de esta información a adversarios extranjeros.
Ante estas amenazas flagrantes, está claro que es necesario actuar para proteger los datos de los ciudadanos estadounidenses tanto del uso indebido nacional como de las amenazas internacionales. El Presidente Joe Biden ha promulgado recientemente una orden ejecutiva destinada a proteger los datos confidenciales de los estadounidenses contra su venta en el extranjero. En el Congreso, debemos buscar medidas de protección sólidas en torno a las prácticas de tratamiento de datos.
Sin embargo, la legislación por sí sola no basta; también se necesitan herramientas prácticas para garantizar la privacidad individual en línea. Aquí es donde soluciones como el Navegador de Incógnito adquieren un valor incalculable al ofrecer funciones de modo de incógnito superiores a las de los navegadores tradicionales.
Mientras que los navegadores convencionales ofrecen opciones básicas de navegación privada que permiten el uso de cookies y otros métodos de rastreo, el Navegador de Incógnito garantiza medidas más estrictas contra el rastreo y las huellas digitales gracias a su tecnología Agent Cloaking, que mejora los niveles de anonimato mucho más de lo que ofrecen los típicos modos de incógnito.
El servicio no debe ir en detrimento de la privacidad o la seguridad. Las soluciones sólidas, tanto legislativas como tecnológicas, como Incognito Browser, son fundamentales para promulgar estrategias de protección integrales que garanticen el derecho de todos a una vida privada sin perturbaciones en medio de un panorama digital cada vez más invasivo.
Para reforzar su propia seguridad en línea junto con las salvaguardias sociales compartidas que se debaten hoy en las plataformas de gobierno, considere la posibilidad de armarse también digitalmente: empiece a explorar vías de navegación más seguras que son posibles únicamente a través de aplicaciones especializadas como Incognito Browser, disponible ahora en dispositivos Android, que promueve interacciones privadas sin fisuras a través de sus compromisos web sin miradas indiscretas no deseadas que rastreen cada paso virtual dado.



